El Anime y su orígen

17:09 Laura Milena 0 Comments



Como bien sabrá la mayoría, por no decir la totalidad de mis lectores, "Anime" es el término con el que hacemos referencia a las animaciones japonesas. Aunque cabe aclarar que en realidad para los japoneses este término no está limitado a las "caricaturas" propias de su país, sino que puede ser utilizado para las animaciones en general, sin importar su lugar de procedencia. 
Todos hemos visto al menos una vez en nuestra vida alguna de las imágenes provenientes de las más que famosas animaciones japonesas, bien sea por gusto propio en la adolescencia y adultez, o como parte de nuestros entretenimientos favoritos de la infancia. Cualquiera que dignamente pertenezca a la generación de los 90 reconocerá sin problema, los clásicos de la televisión mañanera de los sábados, como Los Supercampeones, Dragon Ball Z, Naruto o el más importante para mí, la maravillosa adaptación de los Cuentos de los Hermanos Grimm.
Es más, las animaciones japonesas no solo siguen estando presentes en la televisión, sino que han sido impresas en millones de productos a lo largo de todo el mundo, por lo que han gozado de un éxito comercial que sin lugar a dudas ha trascendido las fronteras de Japón para complacer a millones de aficionados. Con una gran cantidad de adeptos, el anime se ha vuelto cada vez más popular en occidente, quizás con la ayuda del vital impulso del internet y su poder de globalizarlo todo.
Personalmente, debo confesar que lo que más me cautiva del anime es su capacidad para adaptarse a distintos públicos y no solo al infantil, como le ocurre a las animaciones occidentales. El anime es capaz de abarcar temas de alta complejidad. Aunque muchos siguen estableciendo la relación injusta de Muñequitos=Para niños, siendo que adulto+viendo muñequitos=Idiota al cuadrado; la realidad es que aquellos que disfrutamos del placer de ver anime somos consumidores de tramas geniales, personajes complejos y muy bien elaborados y locuras que, reconozcámoslo, solo pueden ocurrírsele a las mentes retorcidas niponas. Eso si muchachones y muchachonas, todo tiene un sano equilibrio, el justo medio, siguiendo a Aristóteles. Seguir viviendo es importante, por mucho que nos guste, no podemos quedarnos todo el día viendo anime.
Entrando en materia y haciendo honor al título de esta entrada, que seguro no es el más adecuado, los orígenes del anime pueden rastrearse a la primera década del siglo XX, en específico, al año 1917, del que se tienen registros de los primeros cortos animados producidos en Japón, siguiéndole el paso a los dibujos animados realizados en Estados Unidos.

 




Namakura Gatana (Dull sword) 1917



Hacia la década de los 30 del mismo siglo, pequeñas compañías realizaron varios proyectos, pero el anime estaba todavía lejos de convertirse en el gran éxito que es hoy en día. Como resultado de la Segunda Guerra Mundial, durante los años 40 el anime adquirió cierto tono político, convirtiéndose en un medio de propaganda para las ambiciones expansionistas de Japón y en una forma de incentivar el rechazo de la población contra los enemigos en la guerra. Debido a ello, durante este periodo las tramas se centraron en narrar historias heróicas de combatientes valientes e invencibles (seguramente muy similar a lo que ocurre hoy en día con las películas gringas tipo cliché en las que los marines son por lo general heroes patriotas sin una sola mancha que logre poner en duda la nobleza de su carácter). Sin embargo, con el avance del conflicto se hizo prácticamente imposible continuar con la producción de animaciones, pues los hombres que trabajaban en su realización se vieron obligados a combatir en los frentes de guerra.  Sin embargo, durante la posguerra se seguían realizando proyectos, esta vez con temáticas más rosas y encaminadas a promover la esperanza de un mejor porvenir, esto con el fin de moralizar al pueblo japonés que debía enfrentar la dura realidad de la rendición.
Como consecuencia de ello, el anime no tomaría fuerza hasta 1960 con las obras de Osamu Tezuka, el padre del manga, conocido también como el "Manga no Kamisama" 漫画の神様 o Dios del Manga, creador del famoso Astroboy. 




Para nadie es un secreto que la historia del anime está ligada al Manga, pues muchas de las producciones animadas se basan en los manga más populares. Es por eso que se suele asociar al gran Osamu con la prolífica revolución de la animación. Además, él fue el artífice de los característicos ojos grandes propios de los personajes del manga japonés . Este genio falleció a los 61 años, de cáncer de estómago, pero su influencia en Japón fue tan notable que tras su muerte algunos periódicos locales lo consideraron digno de un premio nobel. Por supuesto, esta pretención no llegó a buen puerto, pero el legado del Dios del Manga en este tipo de arte es indiscutible. Sus historias fueron pioneras en tener una larga duración (lo que las diferencia de la tendencia del momento) y  en incluir el dolor en las tramas de los mangas, cuestionando la tendencia de la época de incluir finales felices en todos los trabajos. Por eso, me atrevo a señalar que a la arriesgada apuesta de Osamu Tezuka le debemos en gran parte el amplio espectro de temáticas que se incluyen en los mangas y en las series animadas japonesas que podemos disfrutar hoy en día.  

Además de la notoria influencia que este hombre inflingió sobre la estética, la técnica y la forma de narrar las historias en los manga, su colaboración con el estudio Toei Animation, fundado en 1948 bajo el nombre Japan Animated Films y adquirido en 1956 por la compañía Toei, para la realización de la película "El rey de los monos" (Saiyu-Ki), impulsó la idea de convertir las historias de los manga en series animadas. Como consecuencia de ello, en 1963 se inició la transmisión por televisión de Astroboy en su versión animada, lo que puede ubicarse como un referente más claro del orígen del anime actual. 

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